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Dulcería de Celaya, tradición en el Centro Histórico

19 septiembre, 2012 por admin Sin comentario

Diez variedades de cocadas, puerquitos de piloncillo, príncipes de nuez, doraditas de higo, entre otros 90 dulces conforman la oferta de este establecimiento fundado en 1874

El corazón de la ciudad ha cambiado con el paso del tiempo. Edificios que en alguna época brillaban, ya no existen; algunos por el terremoto de 1985; otros por demoliciones y cambios urbanos. Pero uno se conserva en el Centro Histórico; el tiempo no lo ha tocado: la Dulcería de Celaya.

En 1874 los hermanos Guízar fundaron la Dulcería de Celaya en una de las calles más elegantes de la ciudad, Plateros, hoy Madero.

Veintiséis años después mudaron el negocio a la calle de 5 de Mayo, y desde 1900 hasta hoy, la dulcería continúa siendo testigo de grandes cambios. Uno de ellos fue la transformación del Centro Histórico “estuvimos aquí tres meses como si estuviera bombardeado, todo levantado, tierra por todos lados, pero valió la pena, esa fue una gran transformación”, dijo Jorge Huguenín, responsable del lugar desde hace 20 años.

La decoración Art Nouveau, con espejos franceses, marcos de madera tallados a mano, aparadores de encino y piso de azulejo verde —que han pulido durante más de 100 años— sigue igual. Incluso el letrero, que es el más antiguo del Centro Histórico, anuncia el nombre del lugar: “Dulcería de Celaya”.

Difícil elección

La variedad de dulces tradicionales mexicanos es inmensa. Uno puede recorrer la tienda, saborear el azúcar en distintas presentaciones; la elección es difícil. Cocadas, mazapanes, jamocillos de leche, alegrías, cochinitos, mostachos o camotes, hay para todos los paladares. “Los que más se llevan son los de leche, luego los de coco, los camotes y los de fruta”, dijo Huguenín.

La buena fama del lugar se debe a que los dulces son artesanales. Y aunque ya no está la fábrica en el sótano como en un inicio, “se siguen elaborando como se elaboran hace tantos cientos de años, con palas de madera y cazos de cobre. Todo es artesanal, es lo que le da el sabor a los dulces”.

La Dulcería de Celaya fue la primera en su clase en México y América Latina, surgió con “la idea de que los capitalinos y las personas que vienen de visita a la capital, puedan comprar dulces típicos de varias partes de la república”. El ideal se ha cumplido, pues extranjeros la visitan y se maravillan con la extensa variedad de dulces típicos que tiene el país.

Al respecto, el encargado de la dulcería mencionó: “Gente que viene de fuera, por ejemplo centroamericanos y sudamericanos, reconocen cierto dulce o algún parecido con el que tenemos, aunque no igual, y se maravillan siempre de la gran variedad que tenemos, porque ellos tienen dulces típicos, pero pocos y aquí la variedad es extensa”.

Después de la comida mucha gente gusta de saborear un dulce. Hace unos años, aún era común ver a los pregoneros ofreciendo merengues, camotes, almendras garapiñadas y turrón de almendra.

Consienten al paladar

Después de la conquista la variedad de dulces mexicanos aumentó. En la época prehispánica se elaboraban con miel y algún fruto o semilla; la llegada de los españoles trajo la leche y el huevo y también la utilización de la vainilla y el chocolate, productos originarios de México.

Con esas mezclas se pueden elaborar los más de 90 dulces que hay en la Dulcería de Celaya. Las diez variedades de cocadas, los puerquitos de piloncillo, los príncipes de nuez, las doraditas de higo, los gaznates, las reinas, los suspiros, el queso de tuna, las piñoninas, las manzanitas de limón y las figuras de almendra, entre otros.

La Dulcería de Celaya tiene impregnada en sus paredes y vitrinas historia que los visitantes transmiten de generación en generación.

Fuente: www.eluniversaldf.mx

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